Sonríe mujer. Sonríe y ponte guapa; lo suficiente como para
que no sea desagradable mirarte, no tanto como para que parezca que solo
piensas en tu físico. Pero tampoco pienses demasiado, mujer, piensa lo justo
para que no se aburra hablando contigo y no tanto como para irritarlo. Sonríe
mujer, y ten cuidado con tu escote, demasiado pronunciado es señal de estar
provocando, no les hagas saber que no te vistes en torno a los posibles efectos
que puedes producir en sus braguetas, no intentes hacerles entender que esas
braguetas no son el centro del universo. Tú te vistes para provocar, acepta las
miradas hacia tus pechos cuando pasees por la calle y no te ofendas, porque si
no quisieras que te miraran, no te lo habrías puesto, mujer provocadora.
Sonríe mujer, y dale la razón cuando te diga que estas cosas
se te ocurren ahora que está de moda ser una “feminazi”, ríele los chistes
sobre el feminismo, las lesbianas, las camisas de cuadros y lo mal follada que
estás. Que eso son tonterías mujer, no
seas cansina y repetitiva.
Sonríe mujer, y siéntete inferior, débil. Sé fina y delicada
como una compresa pero no hasta el punto de alcanzar la cursilería, las mujeres
ñoñas son un fastidio. Tampoco seas demasiado brusca, directa o desagradable,
que esto no es lo que te enseñaron tus padres. Sé una señorita. Siéntate con
las piernas cruzadas y sonrójate cuando pienses que se te han visto las bragas.
Luce el bikini orgullosamente con un atisbo de modestia pero que no se te vea
el sujetador con las transparencias, que eso es de guarra. Nunca te sientas
demasiado orgullosa de tu cuerpo a menos que ellos te hayan dado esa seguridad
que te falta a base de esos piropos poéticos.
Sonríe, mujer, sé inteligente, pero no más que él. Mantén
conversaciones interesantes solo hasta el momento en el que se tensen, dale
entonces la razón. No seas una sabiondilla, no toques los cojones (a menos que
él te lo pida) no lo hagas sentirse inferior, no lo hagas preguntarse qué hace
una mujer como tú con un tío como él, no lo hagas dudar sobre qué clase de tío
es, no hagas eso, que implosiona. Que implosiona y lo mismo te cae un guantazo,
porque claro, “nunca se sabe”, esas cosas “no se veían venir”, y “nunca sabes a
quién le puede tocar”.
No luches, mujer. Discúlpate cuando todos se den por
aludidos y te increpen que estás generalizando, muérete de pena por tener que
entrar en esos debates y veas cómo se deja pasar una vez más lo importante.
Discúlpate también por haberte quejado, claro. Y por estar demasiado gorda. O demasiado
delgada. O por esa tontería que te ha dado ahora de quejarte por cobrar menos,
qué más darán unos eurillos más que menos, mujer. La cosa es quejarse, que es
lo que les gusta hacer a las mujeres.
Sonríe mujer, que ese desconocido de ahí te ha piropeado,
que se ha tomado la molestia de decirte cuántos polvos te echaría sin que tú le
hayas preguntado. Sonríe y estate agradecida, siéntete orgullosa de ser tan
sexual y follable. Sonríe y no te quejes, que todo esto son solo clichés,
que el machismo está superado, que este tema está ya muy manido. No te quejes, pero
acelera el paso cuando camines de noche, mira hacia atrás en las calles
solitarias, ten miedo por el simple hecho de ser mujer e ir sola, siéntete
amenazada cuando pasas delante de un grupo de hombres, acobárdate cuando ese
otro te diga lo desagradecida que eres tras no haberle sonreído tímidamente
después de ese piropo, asume que a veces es mejor morderte la lengua y mirar
hacia abajo “porque nunca se sabe”, pero no te quejes, mujer, que todo esto ya lo hemos superado.
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