domingo, 30 de marzo de 2014

Supongamos

Supongamos que no tengo miedo. Supongamos que tengo lo que hay que tener para poder decir las cosas que nunca me he atrevido a decirte. Supongamos que soy capaz. Supongamos que ya me he cansado de suponer.

Supongamos que has llegado un poquito más adentro de lo que los dos nos habíamos imaginado y que lo mismo a ti no, pero que a mí se me ha ido de las manos. Que todo eran risas hasta que una de tus carcajadas se clavó a la altura de mi ombligo. Supongamos todo eso de que las horas no se me hacen largas ni que cierta canción me recuerda a ti. Supongamos que a mí no me van todas esas moñadas, que soy una tía dura y que me río del romanticismo barato y orquestado. Supongamos que me he tenido que tragar esa máscara. 

Supongamos que he dejado de dormir mis 8 horas diarias por eso de que hoy no has estado igual que ayer y joder, a ver cómo estarás mañana. Supongamos que repaso unas 30 veces en mi cabeza antes de dormir la última conversación que hemos tenido y todas las posibles respuestas que te podría haber dado para dejarte encandilado. Supongamos que me paso todo el día esperando una llamada que no suena, un mensaje que no llega o una cara que nunca aparece. Supongamos que ojalá esa cara fuera tu cara. Por suponer. 

Supongamos que el orgullo me puede y antes muerta que decirte un “me importas más de lo que me gustaría”, supongamos que soy de las que se pierden cosas por ego, o por miedo, o quizás ambas son lo mismo. Supongamos que me he enfadado conmigo más de una vez al haberme pillado in fraganti buscando la manera de enamorarte. Supongamos que no paro de preguntarme qué hubiera pasado si…

Supongamos que el corazón se me pone en la garganta si me parece verte pero al final no, o que el estómago me arde cuando escucho tu nombre. Supongamos que el amor es pura química y que tú en mi tripa has escrito toda la tabla periódica. Que sí, que poder puedo vivir sin ti, pero supongamos que no quiero.

Supongamos que dejé de suponer en el segundo párrafo.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Algo no va bien

Algo no va bien. Llámame alarmista, catastrofista o hipocondriaca, pero yo te digo que algo no va bien. Es más, te digo que algo va mal, realmente mal. No sé si es algo que estemos haciendo nosotros, o tú, o yo, o el mundo que se nos escapa, pero algo hay mal.  


Algo no va bien si antes de dar los buenos días a quien despierta a nuestro lado, los damos a 560 millones de desconocidos. Algo no va bien cuando antes de salir de casa otros 150 millones de individuos ya saben lo que hemos desayunado. Algo no va bien si Whatsapp consigue cayéndose durante un par de horas las revoluciones que no han conseguido las corrupciones y mentiras más pútridas y nauseabundas. Si el “jaja” ha sustituido a las sonrisas y el “JAJAJA” a las carcajadas, si tenemos que sacrificar puntos y comas porque sobran en 140 caracteres, ya te digo que algo no va bien. 


Algo no va bien si el estómago no se nos revuelve cuando vemos pilas de cadáveres en Siria pero el vídeo viral de un gatito nos encoge el corazón. Algo no va bien si cuando en el telediario sale gente matándose por la libertad cambiamos de canal porque  “qué desagradable, quita eso que no quiero ver más muertos” pero no te revientan los tímpanos al escuchar  a cuatro ignorantes gritándose durante toda una tarde o no te resqueman los ojos al ver a niñas a las que todavía le limpian sus madres el culo exponiéndose en un plató de televisión como si estuvieran en el escaparate de una carnicería.


Algo va mal desde que los libros pueden comprarse sin olerlos antes, desde que podemos pasar páginas sin hacernos esos cortes que tanto escuecen en la yema de los dedos. Algo va mal desde que los errores se pueden borrar hasta parecer que nunca hubieran existido en vez de ir dejando tachones y borrones a lo largo de una historia. Algo va mal si hay gente que piensa que los vampiros brillan bajo el sol y que Salem’s Lot es un nuevo festival. Si Steve Aoki te hace saltar pero el Adagio de Albinoni no te estremece hasta erizarte la piel, créeme, algo va irremediable y condenadamente mal. 


Algo va mal si un anuncio de Coca-Cola consigue emocionar más que algunas personas. Algo va realmente mal desde que Campofrío se ha convertido en la voz del pueblo español. Algo va mal si hay personas que creen que el romanticismo es “Love Actually”. Si el “No me consta” es una prueba de amor, nos puede ir constando a todos que algo va peor, mucho peor, de lo que nos imaginábamos. 


Que lo mismo son alucinaciones mías, paranoias, enajenación mental o la edad. Pero que oye, que para mí que algo no va bien. Por lo menos no tan bien como pensamos.