domingo, 16 de noviembre de 2014

Vamos a hacernos paraíso

Hoy te me regalo. Quiero ser tu viaje. La ciudad a la que siempre quieras regresar. Te regalo un billete de ida a todos mis rincones. Ven sin vuelta. O vuelve, pero no te vayas. Deja un trocito de ti aquí conmigo. Déjate aquí conmigo.

Viájame. Descubre mis secretos. No te vayas cuando encuentres los malos. Quiéremelos. Cuídamelos. Quita el "los" a los dos últimos verbos.

Márcame, déjame huella, pisa mi fango sin hundirte en él. Pasea por mis calles, salta en mis charcos. Mójate. Mójame contigo.

Disfrútame. A mí. A nosotros. A lo nuestro. Porque hay un nuestro queramos o no. Porque tú conmigo mejor. Porque yo sin ti puede, pero mejor no.

Acéptame. Ten en cuenta que eres mi mayor miedo, que no te quiero superar. 

Arriésgate conmigo. Que nos tiemblen las piernas. Aunque nos caigamos, aunque nos hagamos daño. Vamos a dolernos juntos y ya luego nos lamemos las heridas.

Confía en mí. Que no te suelto. Que este precipicio es muy alto y antes me dejo las uñas en tus brazos que dejarte caer.

Vamos a seguir subiendo que yo por ti supero mi vértigo. Mira hacia abajo, mira todo lo que hemos andado. No deshagas nuestro camino, dale tres patadas a esas piedras que se nos ponen delante. No te vuelvas, que me pierdo.

Te me regalo sin condiciones, sin peros. Vamos a hacernos paraíso. Deshagámonos nuestros infiernos.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Por arriesgarnos las tripas.


Hoy brindo por los valientes. Por los que corren el riesgo. Por los que ponen en peligro su orgullo y sus tripas. Por los que piensan en el mañana y tiemblan de ganas en vez de miedo. Por los que han perdido más veces la vergüenza que el autobús. Por los que corren detrás de sus pesadillas a hacerle cosquillas. 

Por los que se atre-ven y vuelven y mejor si no te vas. Por los primeros; el primer paso, la primera mirada, al primer beso, el primer te quiero, el primer yo ya no, la primera huída de ese grupo de Whatsapp. Por los que aceptan los finales y aún así saborean la historia como si no fuese a terminar. Por los que se revuelcan en el fango de sus derrotas. Por los que no se dejan impresionar por el fracaso. Por los que se hacen grandes ante sus fobias.


Por los que no se callan. Por los que apuntan alto venciendo al vértigo. Por los que pelean a gritos y se reconcilian a gemidos. Por esos que lloran hasta que se les quema un pulmón y guardan el otro para desgastarlo a carcajadas. Por esos pocos que ganan las causas perdidas, por el sudor, las uñas y los dientes que se dejan en las sábanas. Por los muelles, que son los más valientes de toda esta historia. 
Por esos que rellenan sus vacíos sin necesidad de que vengan otros a ocuparlos. Por los que saben cuándo pedir que llenes ese hueco porque mejor tú que ellos. Por los solitarios que no están solos. Por los que tienen el coraje suficiente de pedir ayuda, de pedirte. Por los que se acuestan con el monstruo de debajo de sus camas. Por los que incendian la oscuridad antes de que empiece a darles miedo. Por los que no le tienen miedo al miedo. 
Por los que salen sin paraguas, se mojan y después usan la toalla que otro ha tirado para secarse. Por los que reconocen el tren al que hay que subirse, aunque la vía esté sin terminar. Y se suben. Por los que no se bajan cuando el vagón se empieza a vaciar. Por los que beben el agua de todas las fuentes que negaron.



Por los que se desnudan primero y después se quitan la ropa. Por los que saben desnudarte sin permiso. Por los que se atreven a despojarse de algún que otro principio manío y tirarlo al rincón de la ropa sucia. Por los que te rescatan y se dejan rescatar. Por los que matan las ganas muriendo con ellas. Por los que no se quedan con la duda.


Porque si no eres tú soy yo, pero siempre somos. Por arriesgarnos las tripas. Porque a lo mejor duele pero qué bonita la agonía. Porque quién sabe. Por quien aún sabiéndolo se tira. Porque lo sabemos y nos tiramos y lo mismo hay paracaídas o lo mismo no pero por si acaso tú no me sueltes la mano. Porque me muero de miedo y hablo de miedo por no decir tu nombre. Por que este precipicio no se acabe nunca. Porque eres la caída más bonita.