lunes, 30 de junio de 2014

Yo confieso.

Yo confieso que he pecado. Que en época de vacas flacas le he rezado a un dios del que en otras  he renegado y que lo único que me para de reírme de ciertos dogmas es el miedo de que al morirme no me abran las puertas de un cielo que me parece inventado.  

Yo confieso que he llorado. He llorado con la misma intensidad la pérdida de alguien que el agobio por un examen. He llorado por caprichos, por los quiero y no puedo. He llorado por todas y cada una de esas cosas por las que dicen que no vale la pena llorar. 

Yo confieso que he cambiado. Y no creo que a mejor. Que la inocencia la voy perdiendo por un camino que me ha ensuciado. Que no, que el paso de los años no me ha mejorado, ni soy una nueva versión 2.0 de mí misma. Que he bebido de todas las fuentes que veté y donde dije digo he dicho Diego, y ni quiero ni puedo prometer que no vaya a volver a hacerlo.

Yo confieso que me he arrepentido. Que hay cosas que no volvería a hacer. Que ni todos los errores me han hecho más sabia, ni cada fallo ha sido una lección. Que de algunas caídas me he levantado arrastrándome, sin ganas y enfangada.  

Yo confieso que he querido. He querido mal, como si la otra persona fuera mía. He querido para mí o para nadie más y he intentado cortar alas por si les daba por echar a volar. He pensado antes en mi bien que en el del otro y he mirado primero mi ombligo. He querido de esa forma tan destructiva e insana y me he atrevido a disfrazarla de “te amo”.
Yo confieso que he dañado. Y no siempre he pedido perdón. He hecho llorar a gente que quiero y he hecho daño a personas que me prometí jamás dañar. He tratado mal a quien me ha querido, por egoísmo, por pereza, por frialdad. A veces he roto a personas aún sabiendo que se iban a romper y la conciencia se ha quedado dormida antes que yo por las noches. Tan a gusto. 

Yo confieso que me he avergonzado. Que no siempre me quiero ni soy mi mayor orgullo, que he hecho las mismas cosas por las que he apartado de mi vida a otras personas, que seguramente seguiré haciendo lo que a mí no me gustaría que me hicieran. 

Yo confieso que soy cobarde. Que no siempre tengo el valor suficiente para decir lo que hay que decir. Que a veces me muerdo la lengua porque me asustan las consecuencias. Que en muchas ocasiones me he lanzado a lo fácil por temer lo desconocido. Que a veces elijo con la cabeza en vez del corazón. Que en ocasiones he preferido lo seguro a la vocación. Que mis consejos son para otros, pero que yo no seguiría ni uno. 

Yo confieso que lo volvería a hacer. Que no todo tiene una moraleja ni un mensaje positivo. Que lo volvería a hacer porque soy como soy y no sé hacerlo de otra manera. Que ya me he aburrido de todos esos mensajes animándote a ser mejor persona o a aprender hasta de pisar mierdas. Que estoy cansada de tener que ir siempre con una sonrisa dibujada en la cara y de los “la vida es demasiado corta para no ser feliz”. Que eso está muy bien en las películas. Pero qué martirio tener que vivir guionizados. 

Yo confieso que he vivido. De verdad. Lo que se dice mal-vivir, como la gente normal que suda, folla y caga. Y no, no voy a pedir perdón por ello.

jueves, 19 de junio de 2014

Ella es ese tipo de persona que te contagia libertad



Ella es ese tipo de persona que te contagia libertad. Es aire fresco. Es agua cristalina. Se hace notar cuando llega, pero nunca sabes en qué preciso instante se va. No se ata ni te ata, aunque a ti no te importaría que te estrangulara con la soga al cuello después de conocerla. No avisa, no es esclava de explicaciones, simplemente un día ya no está. Es tan ligera como la arena que se escurre entre sus dedos; huele a playa, a mar, a sal. También te contagia vida, ella ama la vida. Joder, es que ella es la puta vida. Tiene ganas de vivir, de sufrir, de llorar, de doler, de gemir. Y tú dejarías que te hiciera sufrir, llorarías junto a ella, dolerías por ella, gemirías con ella. Su risa frívola, despreocupada, maleducada, inconsciente de todo el dolor que hay a su alrededor. Es calle. Mucha calle. Es sucia y sabia como ella. Devoradora de moralidades, le divierte lo políticamente incorrecto, no se asusta ante las ordinarieces. No le importa que se le enrede el pelo ni que se le corra el rimmel. Ella vive preocupada por no enredarse con su pelo y por que se le corran otras cosas a parte del rimmel. Elegantemente grosera, algo así como esas putas de lujo, una de esas que sabes que se venden, pero que nunca podrás pagar.

domingo, 8 de junio de 2014

Que


Que adore la curva de tu espalda no significa que vaya a cargar todo tu peso sobre la mía. Que me pierda en tu mirada no implica que esté ciega. Porque tu risa me suene a música celestial no voy a perder mi sonrisa. Que tus lágrimas me encojan el alma no quiere decir que te deje provocar las mías. No te vayas a creer que porque te hayas convertido en mi vicio voy a dejar todos los que ya tenía. Aunque tus manías me resulten adorables, no dejan de ser manías. No pienses que porque te hayas retrasado 5 minutos te voy a estar esperando toda la vida. Que tú creas que mientes bien no es sinónimo de que yo me crea tus mentiras. Que quiera pasar contigo todas las horas del día no te da derecho a robarme el tiempo. Que formes parte de mi vida no es sinónimo de que seas mi vida. Que muero por nuestras noches no es que no tenga vida de día. Que te deje morder mi cuello no es lo mismo que dejarte morder mi libertad. Que te regale mi corazón no conlleva el pisotearlo como un trapo. Que me eches de menos no acarrea que yo tenga que correr a tu lado. Que te quiera no te autoriza a hacerme daño. Que me des razones para odiarte no supone que yo vaya a hacerlo.