Yo confieso que he llorado. He llorado con la misma
intensidad la pérdida de alguien que el agobio por un examen. He llorado por
caprichos, por los quiero y no puedo. He llorado por todas y cada una de esas
cosas por las que dicen que no vale la pena llorar.
Yo confieso que he cambiado. Y no creo que a mejor. Que la inocencia
la voy perdiendo por un camino que me ha ensuciado. Que no, que el paso de los
años no me ha mejorado, ni soy una nueva versión 2.0 de mí misma. Que he bebido
de todas las fuentes que veté y donde dije digo he dicho Diego, y ni quiero ni
puedo prometer que no vaya a volver a hacerlo.
Yo confieso que me he arrepentido. Que hay cosas que no volvería a hacer. Que ni todos los errores
me han hecho más sabia, ni cada fallo ha sido una lección. Que de algunas
caídas me he levantado arrastrándome, sin ganas y enfangada.
Yo confieso que he querido. He querido mal, como si la otra
persona fuera mía. He querido para mí o para nadie más y he intentado cortar
alas por si les daba por echar a volar. He pensado antes en mi bien que en el
del otro y he mirado primero mi ombligo. He querido de esa forma tan
destructiva e insana y me he atrevido a disfrazarla de “te amo”.
Yo confieso que he dañado. Y no siempre he pedido perdón. He
hecho llorar a gente que quiero y he hecho daño a personas que me prometí jamás
dañar. He tratado mal a quien me ha querido, por egoísmo, por pereza, por
frialdad. A veces he roto a personas aún sabiendo que se iban a romper y la
conciencia se ha quedado dormida antes que yo por las noches. Tan a gusto.
Yo confieso que me he avergonzado. Que no siempre me quiero
ni soy mi mayor orgullo, que he hecho las mismas cosas por las que he apartado de mi vida a
otras personas, que seguramente seguiré haciendo lo que a mí no me gustaría que
me hicieran.
Yo confieso que soy cobarde. Que no siempre tengo el valor
suficiente para decir lo que hay que decir. Que a veces me muerdo la lengua
porque me asustan las consecuencias. Que en muchas ocasiones me he lanzado a lo
fácil por temer lo desconocido. Que a veces elijo con la cabeza en vez del
corazón. Que en ocasiones he preferido lo seguro a la vocación. Que mis
consejos son para otros, pero que yo no seguiría ni uno.
Yo confieso que lo volvería a hacer. Que no todo tiene una
moraleja ni un mensaje positivo. Que lo volvería a hacer porque soy como soy y
no sé hacerlo de otra manera. Que ya me he aburrido de todos esos mensajes animándote
a ser mejor persona o a aprender hasta de pisar mierdas. Que estoy cansada de
tener que ir siempre con una sonrisa dibujada en la cara y de los “la vida es
demasiado corta para no ser feliz”. Que eso está muy bien en las películas.
Pero qué martirio tener que vivir guionizados.
Yo confieso que he vivido. De verdad. Lo que se dice mal-vivir,
como la gente normal que suda, folla y caga. Y no, no voy a pedir perdón por
ello.