Querida Ella:
Si estás leyendo esto es porque yo ya
me he ido (o él me ha echado), porque le ha dado tiempo de volver a
encontrar una persona que de verdad valga la pena (y mira que eso hoy
en día es difícil) y ha tenido el valor suficiente para volver a
enamorarse (eso sí que son cojones).
Yo soy la de antes, con la que te
compararás los primeros meses, a la que echaba de menos cuando
empezó a conocerte, “la zorra esa”, cuando os crucéis algún
día conmigo por la calle y vayáis de la mano (procura no tirar de
él mientras cortas el riego sanguíneo de sus dedos, lo mismo me
apetece saludarle).
Solo espero que haya elegido bien, ya
habrás comprobado lo cabezota que es y la manera que tiene de ir a
por las cosas (aunque estas le acaben matando). No quiero que seas de
esas cosas que lo matan (yo ya lo maté suficiente).
¿Has visto ya el mal despertar que
tiene? (Yo me enamoré de él una mañana) Te aconsejo que intentes
levantarte más tarde que él, es la única manera de cogerlo de
buenas. Y si eres madrugadora, hazte la dormida; deja que te
despierte, deja que su dedo índice recorra toda tu espina dorsal,
siente como sus manos se pierden entre las sábanas para encontrarte
(¿a ti también te entra ese cosquilleo en la tripa pensando dónde
acabarán?).
Ya, es un gruñón de campeonato
(supongo que es parte de su encanto) esos días que amanece torcido y
no se alegra ni con un tazón gigante de Chocapics (no te olvides de
ponerle las dos cucharadas grandes de Nesquick a la leche) es mejor
dejarlo tranquilo, escucharlo refunfuñar y reirte sin que se de
cuenta. No te eches encima de él a hacerle cosquillas ni intentes
forzarle sonrisas como se hace en las películas (no hay nada que
odie más que Hollywood).
No se te ocurra sentarte en su sillón
de leer (yo solo lo hacía cuando él me sentaba en sus rodillas y me
leía ¿te ha leído ya?), ese verde tan mullidito que tiene debajo
de la ventana, ¿sabes cuál te digo? Ese sillón es sagrado; como el
fútbol los domingos (te aconsejo apoyar siempre al contrario, se
pone tan guapo cuando celebras los goles del otro). Te puedes quedar
horas embobada viéndolo leer en ese sillón, esperando una de esas miraditas con la
cabeza gacha acompañadas de una media sonrisa (a mí también me
dejaba sin respiración cuando hacía eso). Hay veces que en ese mismo sillón lo verás con la mirada perdida hacia la ventana grande, déjalo, ya volverá, solo me está recordando (mi sitio de leer era el alféizar de esa ventana, seguramente no te deje ni acercarte, pero no te enfades, seguro que tú tienes otro, porque ¿tú lees no? sí, seguro que sí, el nunca se enamoraría de una persona que no leyera).
Las duchas son por la tarde, después
de la siesta (¿dormís en la siesta? A mí nunca me dejaba). Cuando
os levantéis pegajosos y acalorados, mientras él prepara la
merienda (más te vale ser fan de la Nutella) llena la bañera hasta
arriba, sin espuma (le gusta ver los cuerpos debajo del agua) y tibia
(ya os encargaréis vosotros de calentarla). Déjalo que te dé esos
masajes en los pies mientras te come con la mirada (a mí también me
intimidaba al principio) y no intentes que deje esa manía de meterse
tu dedo gordo en la boca (es imbécil, pero por eso lo queremos).
Cuando vayáis a salir de la bañera, deja que te arrope con la
toalla y te seque (sí, a mí también me da que va a ser un gran
padre).
Ah, por cierto, se me olvidaba; no le
hagas asco a las comidas. Si te pone una pizza por delante, cómetela,
si te apetece una hamburguesa, hazla, no te cortes, él odia a esas
tías que solo comen lechuga.
¿Habéis hecho ya el amor, o todavía
echáis polvos? Tranquila, cuando te haga el amor lo sabrás; tiene
una manera especial de acariciarte, de ponerse encima tuya y sostener
tu cara entre sus manos, de enredar sus dedos en tu pelo y pegar su
boca a tu cuello mientras te hace cosquillas en el hombro con su
barba (ay, esa barba). Después de hacerte el amor se echará a un
lado y te mirará esperando a que le sonrías (sonríele, por Dios,
sonríele todas las veces que te salga del corazón porque no hay
nada que le guste más que una sonrisa). Entonces comenzaréis a
hablar, hablaréis durante horas (¿verdad que pocos tíos tienen tanta conversación como él?), hasta que alguno de los dos se
quede dormido en las palabras del otro. Pocas veces, él se queda
dormido antes, acuérdate si puedes de fijarte entonces como la luz
de la luna que entra por la ventana cae de lleno en su clavícula (yo
en su clavícula me perdía horas). Por lo general él aguantará
todo lo que pueda para poder quedarse un rato viéndote dormir, dale
el gusto (y dátelo a ti), deja que te duerma del todo mientras hace
cosquillas por tu espalda y te da besos en la frente.
Espero que lo quieras mucho y bien,
espero que te dejes uñas y dientes en hacerlo feliz, espero que lo
merezcas, espero que no le hagas daño (si no tú y yo tendremos un
problema), espero que no lo decepciones (te prometo que él no lo
hará), espero que no seas tan tonta como yo y lo agarres fuerte (pero no lo amarres, por favor, los seres como él son más bonitos en libertad).
Ojalá seas todo lo que me pidió que
fuera y no fui, ojalá no tengas nada que ver conmigo (solo así
estaré segura de que nunca te querrá como a mí).
Estás para que te encierren. En serio.
ResponderEliminarLa verdad es que sí, para qué mentirte, :)
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