domingo, 2 de febrero de 2014

Carta a Ella


Querida Ella:

Si estás leyendo esto es porque yo ya me he ido (o él me ha echado), porque le ha dado tiempo de volver a encontrar una persona que de verdad valga la pena (y mira que eso hoy en día es difícil) y ha tenido el valor suficiente para volver a enamorarse (eso sí que son cojones).
Yo soy la de antes, con la que te compararás los primeros meses, a la que echaba de menos cuando empezó a conocerte, “la zorra esa”, cuando os crucéis algún día conmigo por la calle y vayáis de la mano (procura no tirar de él mientras cortas el riego sanguíneo de sus dedos, lo mismo me apetece saludarle).
Solo espero que haya elegido bien, ya habrás comprobado lo cabezota que es y la manera que tiene de ir a por las cosas (aunque estas le acaben matando). No quiero que seas de esas cosas que lo matan (yo ya lo maté suficiente).
¿Has visto ya el mal despertar que tiene? (Yo me enamoré de él una mañana) Te aconsejo que intentes levantarte más tarde que él, es la única manera de cogerlo de buenas. Y si eres madrugadora, hazte la dormida; deja que te despierte, deja que su dedo índice recorra toda tu espina dorsal, siente como sus manos se pierden entre las sábanas para encontrarte (¿a ti también te entra ese cosquilleo en la tripa pensando dónde acabarán?).
Ya, es un gruñón de campeonato (supongo que es parte de su encanto) esos días que amanece torcido y no se alegra ni con un tazón gigante de Chocapics (no te olvides de ponerle las dos cucharadas grandes de Nesquick a la leche) es mejor dejarlo tranquilo, escucharlo refunfuñar y reirte sin que se de cuenta. No te eches encima de él a hacerle cosquillas ni intentes forzarle sonrisas como se hace en las películas (no hay nada que odie más que Hollywood).
No se te ocurra sentarte en su sillón de leer (yo solo lo hacía cuando él me sentaba en sus rodillas y me leía ¿te ha leído ya?), ese verde tan mullidito que tiene debajo de la ventana, ¿sabes cuál te digo? Ese sillón es sagrado; como el fútbol los domingos (te aconsejo apoyar siempre al contrario, se pone tan guapo cuando celebras los goles del otro). Te puedes quedar horas embobada viéndolo leer en ese sillón, esperando una de esas miraditas con la cabeza gacha acompañadas de una media sonrisa (a mí también me dejaba sin respiración cuando hacía eso). Hay veces que en ese mismo sillón lo verás con la mirada perdida hacia la ventana grande, déjalo, ya volverá, solo me está recordando (mi sitio de leer era el alféizar de esa ventana, seguramente no te deje ni acercarte, pero no te enfades, seguro que tú tienes otro, porque ¿tú lees no? sí, seguro que sí, el nunca se enamoraría de una persona que no leyera).
Las duchas son por la tarde, después de la siesta (¿dormís en la siesta? A mí nunca me dejaba). Cuando os levantéis pegajosos y acalorados, mientras él prepara la merienda (más te vale ser fan de la Nutella) llena la bañera hasta arriba, sin espuma (le gusta ver los cuerpos debajo del agua) y tibia (ya os encargaréis vosotros de calentarla). Déjalo que te dé esos masajes en los pies mientras te come con la mirada (a mí también me intimidaba al principio) y no intentes que deje esa manía de meterse tu dedo gordo en la boca (es imbécil, pero por eso lo queremos). Cuando vayáis a salir de la bañera, deja que te arrope con la toalla y te seque (sí, a mí también me da que va a ser un gran padre).
Ah, por cierto, se me olvidaba; no le hagas asco a las comidas. Si te pone una pizza por delante, cómetela, si te apetece una hamburguesa, hazla, no te cortes, él odia a esas tías que solo comen lechuga.
¿Habéis hecho ya el amor, o todavía echáis polvos? Tranquila, cuando te haga el amor lo sabrás; tiene una manera especial de acariciarte, de ponerse encima tuya y sostener tu cara entre sus manos, de enredar sus dedos en tu pelo y pegar su boca a tu cuello mientras te hace cosquillas en el hombro con su barba (ay, esa barba). Después de hacerte el amor se echará a un lado y te mirará esperando a que le sonrías (sonríele, por Dios, sonríele todas las veces que te salga del corazón porque no hay nada que le guste más que una sonrisa). Entonces comenzaréis a hablar, hablaréis durante horas (¿verdad que pocos tíos tienen tanta conversación como él?), hasta que alguno de los dos se quede dormido en las palabras del otro. Pocas veces, él se queda dormido antes, acuérdate si puedes de fijarte entonces como la luz de la luna que entra por la ventana cae de lleno en su clavícula (yo en su clavícula me perdía horas). Por lo general él aguantará todo lo que pueda para poder quedarse un rato viéndote dormir, dale el gusto (y dátelo a ti), deja que te duerma del todo mientras hace cosquillas por tu espalda y te da besos en la frente.

Espero que lo quieras mucho y bien, espero que te dejes uñas y dientes en hacerlo feliz, espero que lo merezcas, espero que no le hagas daño (si no tú y yo tendremos un problema), espero que no lo decepciones (te prometo que él no lo hará), espero que no seas tan tonta como yo y lo agarres fuerte (pero no lo amarres, por favor, los seres como él son más bonitos en libertad).
Ojalá seas todo lo que me pidió que fuera y no fui, ojalá no tengas nada que ver conmigo (solo así estaré segura de que nunca te querrá como a mí).

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