Corre. Huye de la vida antes de que te atrape. Escapa porque
duele; no como la picadura de una avispa o un pie roto. Duele de verdad. Un
dolor que nace en la boca de tu estómago y se extiende por todo tu cuerpo.
Ahórratelo. Evita enamorarte y todo el malestar que eso genera, con sus
incertidumbres, sus inseguridades y sus dependencias. Aléjate de las amistades
que se tornan falsas y traicioneras: te aseguro que el dolor más grande que
puedas experimentar jamás no te lo provocará ni un amor, ni si quiera la muerte,
sino tu más íntimo amigo. Escabúllete del fracaso, de lo minúsculo e
insignificante que te hará sentir, no dejes que te atrape convirtiéndote en un
ser inútil y derrotista. Záfate de tus padres, de su amor incondicional con el
que te ahogarán hasta el día que los entierres, de ese colchón que ponen ante
ti en cada paso que das, de esas cuerdas invisibles que nunca querrán desatar
del todo. Evádete de la verdad, del velo de infelicidad con el que te cubre y
del amargo sabor que te deja en el paladar cuando la escupes. Líbrate de ese
incómodo inconformismo y todos los problemas que trae, de esa continua
insatisfacción que te provoca, de esas agotadoras ganas de cambiar las cosas. Dale
esquinazo a la juventud, a esos errores que te hará cometer, a esa tonta
valentía de lanzarse sin pensarlo, a ese estúpido pensamiento de que todo es
posible. Torea a la pasión, la pasión es el arma más devastadora de la
autodestrucción. No hagas las cosas con pasión, no te entregues en cuerpo y
alma a algo, no inviertas todo tu tiempo y esfuerzo en nada, no te impliques,
que duele.
Sigue corriendo, pero de puntillas y en silencio, sin dejar
huella, sin que nadie se entere.
Párate. Quédate aquí en la vida. Mira a tu alrededor y
saluda al dolor que te acompañará durante toda la estancia. Repara también en
la alegría que acompaña a las ganas de vivir. Enamórate. Enamórate mucho y
bien, aunque sean una o dos veces en la vida, date el gusto de sentir esas
cosquillas en el estómago y ese vértigo cada vez que vas a verle. Encuentra
amigos, por lo menos uno, pero no más de tres. La amistad es el viaje más
enriquecedor que emprenderás jamás. Tienes que saber diferenciarla, un amigo
nunca será igual que un compañero de copas. Una amistad verdadera formará parte
de tu familia y la querrás tanto o más que a ellos. Una amistad no te pondrá
condiciones ni exigirá explicaciones. Encuentra eso, y retenlo contigo para
siempre, porque las alegrías más hermosas te las dará un amigo de verdad.
Plántale cara al fracaso, compadécete de ti mismo cuando caigas en él, pero que
solo sean unas horas. Engrandécete ante él cuanto antes y lánzate al siguiente
un poco más herido y un poco más sabio. Cuida a tus padres, quiérelos
entendiendo que nunca los querrás tanto como ellos a ti, cólmate de paciencia
ante sus miedos y compréndelos tanto como te gustaría a ti que te comprendieran
tus hijos. Ten por bandera la verdad. En todo. Para todos. Trata a las personas
con verdad y pon verdad en lo que haces. No podrás vivir en plenitud hasta que
no seas auténtico. Aunque duela, aunque moleste, aunque traiga momentos
incómodos, no abandones nunca la autenticidad si no quieres caer en una vida
falsa y hueca. Agárrate fuerte a tu inconformismo. No lo pierdas nunca, no
dejes de luchar por lo que crees, no abandones tus valores y principios por
vaguedad. Probablemente no vas a cambiar el mundo tú solo, pero no pienses que
las cosas cambiarán quejándote desde el sofá. No dejes nunca de ser joven. Por favor,
intenta morir joven, aunque lo hagas con 90 años. No pierdas nunca esa esencia,
esa inocencia que se instala en el fondo de tu corazón, esa ilusión por lo
insignificante, esa esperanza de que en el mundo siguen existiendo personas
buenas y buenas causas por las que pelear. Pon pasión en todo. Sea lo que sea,
hagas lo que hagas, hazlo con pasión. Deja uñas y dientes en tus batallas. Haz
de tu pasión un trabajo si es que puedes, pero sobre todo, haz tu trabajo con
pasión. Es lo que te mantendrá vivo, lo que te hará levantarte cada día. La
pasión es el motor de una vida plena.
Gírate y corre, pero de vuelta. Cómete al mundo, la vida y
sus miedos. Pisa fuerte, que se enteren todos de que estás aquí. Ama, llora,
ríe, araña, ensúciate, disfruta, hiérete y luego lame tus heridas, implícate,
entrégate. No dejes que el miedo te impida vivir.
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